miércoles, 21 de mayo de 2008


Hielo en el atardecer del alma. ¿Existe a caso el horizonte entre el miedo y la vida? A medida que ando hacia el miedo, este se aleja, se desbanece. No se hace mayor, se bolatiliza. Llega a mí, sin alcanzarme todabía. Es tan extraña esta sensación como el horizonte que lo une a la vida. Ella si crece. Cada día me siento más y más vivo. Mi arte nace, mi miedo muere. No pueden permanecer juntos, codo con codo. Echa uno al otro. Puedo notar el cosquilleo del alma en mi interior. Es un dolor que no es dolor. No sé como expresar este algoritmo de mi vida. Estoy perdiendo visión. Cada vez veo menos mi vida (las letras), no puedo percibir el qué que hay entre las lineas de mi escribir. Me duele aún más el pecho y se apaga la llama de mi sentimiento. El sentimiento utópico que un día cree, ahora me consume... me atrapa en sus telarañas. Parece ser inútil mi lucha contra él, como si él me controlara. Hiciera que el dolor augmentara... No sé como interpretar esto pocos segundos antes de la muerte de mi espíritu... ¿Pesimismo? ¿O, como una tecla de piano, que vino para loar ms actos? La tecla parece ser un ginete. Un caballero del espiritualismo... ¡No siento nada! Tampoco puedo escribir más nada, pues mi escribir es el sentir de mis letras, de mis metaforas, de mi no-tiempo y de mi no-ser. Acabo aquí mi vida... dejando atras el olvida para convertirme en humo del recuerdo. En arena blanca... sólo le quedan pronunciar pocas palabras a mi lábia:
-Olvido...
tú que me loaste en vida, aprobecha mi muerte para comerte mis entrañas, comerte mi recuerdo, pero no dejes que se coman ellos mi entender. Antes de prejuzgarlo, prefiero que te lo lleves tú también al estomago...
Adiós, mundo cruel, adiós.
Me despido de ti del mismo modo con el que llege, el llanto, la lágrim, la expresión de mi mayor dolor.

No hay comentarios: